A lo largo de un proceso terapéutico puedes plantear preguntas en todas y cada una de sus fases. No es necesario guardárselas para el turno final. Es posible preguntar antes de disparar y con este escrito pretendo adelantarme a algunas dudas, inquietudes o preocupaciones que puedas tener respecto al momento previo a solicitar ayuda.
Posibles dudas antes de contactar:
Llevas una temporada mal e intentas movilizarte para salir de ello, sin embargo, hay varios factores que dificultan que tomes la decisión de solicitar ayuda.
Qué van a pensar de mí que ni soy capaz de solucionar mis propios problemas. Soy débil.
Pueden hacerte pensar que puedes con todo, que para eso estás y que debes hacer todo lo que se te presupone sin rechistar. Esta premisa es falsa y va minando cada vez más tu motivación, determinación y fortaleza iniciales para hacerte sentir más débil y vulnerable a medida que pasa el tiempo.
Eres valiente y hace falta mostrar mucha fuerza para poder solicitar ayuda.
Seguro que es una tontería, le pasa a mucha gente y se me acabará pasando.
Puede que le ocurra a mucha gente y es probable que se te acabe pasando pero todo ello deja de ser una tontería en el momento que te genera sufrimiento e interfiere con los diferentes ámbitos de tu vida. No se trata de buscar un baremo desde el que compararse con los demás sino que se trata de tu propio malestar y tu sufrimiento. No es necesario padecerlos indefinidamente. Si no estás dispuesto a seguir pasando por esta situación, solicitar ayuda es el siguiente paso.
Quizás no es el momento. Todavía no lo tengo claro.
Tienes todo el derecho a sentir esta incertidumbre. Es una decisión difícil y cuesta dar ese paso hacia delante. Tú decides el momento, tú marcas el ritmo y es muy bueno poder darte cuenta si no estás en el momento. A lo largo de nuestras vidas pasamos por etapas en las que tenemos que estar necesariamente centrados en ciertos asuntos y nos queda menos margen para otros. Que puedas respetarte y reconocerte en esas etapas es tan o más importante que el hecho de poder solicitar ayuda.
Primero iré a mi médico de mi cabecera y veré qué me dice.
Esta es una opción muy común y muy sensata. Te la recomiendo. Tú médico de confianza te conoce y podrá ofrecerte una alternativa. Sin embargo, el problema no está en el médico ni en su criterio, sino en las alternativas disponibles actualmente en la salud pública en términos de salud mental. Puede derivarte a un psicólogo del sistema público o puede prescribirte fármacos para aliviar tu malestar. Si bien ninguna de las opciones es mala per se, tienen cuanto menos un problema con la temporalidad. La primera tarda meses en llegar, debido a cómo está organizada la salud mental en el Sistema Nacional de Salud y el hecho de tener citas cada 2-3 meses dificulta el acceso y la disponibilidad a tratamientos eficaces. La segunda tiene una efectividad limitada en el tiempo. Sí puede ayudar en un momento determinado en situación aguda pero pierde eficacia a largo plazo como único tratamiento.
Es muy caro, no puedo permitírmelo.
Tienes toda la razón, es caro. Pagar desde 50€ la sesión y verse todas las semanas durante un tiempo limitado puede ser mucho dinero. Es decisión de cada uno poder valorar si invertir esa cantidad de dinero en mejorar su bienestar y salud emocional. Coincido en que objetivamente es caro pero experiencia y conocer la profesión desde dentro me ha enseñado que rentabiliza cada euro. La psicología tiene la suerte de contar con enormes profesionales con muchos años de formación a sus espaldas y gran cantidad de horas de intervención entre sus manos. La atención psicológica de calidad tiene un precio que viene avalado y determinado por décadas de trabajo, formación, evidencia empírica y experiencia. Es caro sí, pero merece la pena. Te animo e invito a que lo compruebes.
Viendo que se me alarga la cosa he decidido dividir este artículo en dos partes, dejando para el siguiente las dudas que surgen una vez tomada la decisión. Mi objetivo es poder darte información para fomentar que tomes una decisión desde el conocimiento. Por ello también te animo e invito a que contactes conmigo para cualquier cuestión que puedas tener. Me interesan mucho tu opinión, tus inquietudes y tu punto de vista y estaré encantado de leerte y responderte, ya sea de manera particular o mediante uno de estos escritos.
Espero y deseo que te resulten interesantes estas lecturas. Me despido tras este párrafo de ruegos. Ahora te tocan a ti las preguntas.